
“Los economistas que sólo de mala gana y bajo la presión irresistible de hechos incontrovertibles se habían tragado las implicancias anticapitalistas de la doctrina keynesiana volvieron con notoria algarabía a los panegíricos habituales de la armonía capitalista. Ellos permanecieron “pegados a los hechos observables”, jovialmente comenzaron a discutir la inflación como la mayor amenaza para el equilibrio continuo de las economías capitalistas y declararon, una vez más, que el exceso de ahorro, la sobrecapacidad y las depresiones eran reliquias de un pasado remoto y primitivo.
La economía, al exaltar las virtudes del mecanismo del mercado, al glorificar el monopolio y “las grandes empresas”, prácticamente canceló cualquier avance logrado como resultado de la revolución keynesiana y volvió a la complacencia de la “alegre década de los
veinte.
(Paul A. Baran, “La economía política del crecimiento”; ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1959)

21 de Octubre de 2010
CGI: Declaración de Repudio
Mario Derch, Presidente de la Confederación General de la Industria declaró que la histórica institución repudia con toda energía el asesinato del joven militante popular Mariano Ferreyra, y se suma a las exigencias de una exhaustiva investigación y una rápida determinación y castigo de los autores materiales e intelectuales de ese acto criminal.
Con la misma convicción, la CGI expresa su rechazo a las formas de contratación precaria que, como en el caso de las tercerizaciones en el ferrocarril Roca que están en el origen de la tragedia, fomentan la explotación y la permanente inestabilidad de grandes contingentes de trabajadores como un doloroso resabio de las concepciones antipopulares hegemónicas en la década del 90, las que sembraron marginación, exclusión y miseria en nuestro país.
El esclarecimiento del asesinato de Ferreyra y las graves heridas sufridas por otros dos militantes también deben ayudar a terminar con confusas y obsoletas relaciones de poder entre patronales y cúpulas sindicales, relaciones que diluyen peligrosamente los roles sociales de cada una de esos actores.
Nunca más, en la Argentina, la legítima protesta social debe estar sometida a los designios represivos o violentos de cualquier origen.